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Alberto Ginastera (1916-1983)
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Alberto Ginastera (1916-1983).
El trono del más importante compositor sudamericano, el brasileño Heitor Villa-Lobos, no estuvo vacante durante mucho tiempo después de su muerte. Hacía años que el subcontinente había alcanzado una vida musical propia, que en algunas ciudades era significativa, y en el siglo xx aumentó de manera rápida y prometedora el número de creadores musicales. Alberto Ginastera ocupó pronto, gracias a una serie de triunfos internacionales, una posición relevante. Este argentino, nacido en Buenos Aires el 11 de abril de 1916, hizo en poco tiempo un brillante recorrido, que por lo demás puede dividirse en dos períodos claramente diferenciados: la época "folclórica", en que creó numerosas obras que se hicieron muy conocidas, y la época "absoluta", en que formó parte del grupo más importante de la vanguardia. A esta última pertenecen también sus óperas, de las cuales las más tempranas se representaron en distintas ocasiones en Europa, algunas incluso en escenarios alemanes, y todas en Estados Unidos. Ginastera murió en Ginebra, donde había vivido durante las dos últimas décadas.
Su primera obra para el teatro musical fue Don Rodrigo, estrenada en Buenos Aires el 24 de julio de 1964. Esta ópera, con un excelente libreto del dramaturgo español Alejandro Casona, que vivió en Argentina durante mucho tiempo como exiliado político, lleva a la escena la legendaria lucha de los españoles contra los moros. Don Rodrigo no es otro que El Cid, el gran héroe de la España medieval; la ópera recrea un episodio trágico de su vida.
La siguiente ópera de Ginastera, Bomarzo, es más compleja y más controvertida, pero también más fascinante. El duque de Bomarzo, una aldea de las cercanías de Roma, vivió realmente, fue un príncipe renacentista aventurero, de vida breve y atormentada, un inválido lleno de sueños y visiones que intentaba vivir fantasmalmente en un jardín de piedra construido por él mismo. El escritor argentino Manuel Mujica Láinez visitó lo que quedaba de los monstruos del parque del castillo y redactó un libreto que en cierta manera volvía a darles vida; el duque, que acaba de ser envenenado, reproduce su fantástica vida en un racconto: un drama de sex and crime, tal como dijo (un poco irónicamente) el compositor, pero que puede considerarse típico del siglo xx.
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