Historia de la ópera en Argentina
2.De 1920 a 1959
índice de Historia de la opera en Argentina
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2.De 1920 a 1959.
El año 1920 ve nacer otras tres óperas de nuestros compositores: "Amy Robsart", de Alfredo Luis Schiuma, estrenada el 23 de abril, en el Teatro Coliseo; "Saika", de Floro M. Ugarte (1884-1975), autor también del poema, el 22 de junio, en el Teatro Colón, y "Ariana y Dionysos", de Felipe Boero, libro de Leopoldo Díaz, en la misma sala, el 7 de agosto.
De este grupo "Saika" surge como la obra más lograda; un cuento de hartas, poético y colorido que denuncia en el autor su sensibilidad afin con la delicadeza del arte francés. Esta ópera y el ballet "El Junco" (1955), son las únicas obras para la escena escritas por este compositor cuya producción, sin ser especialmente cuantiosa, revela un espíritu cultivado. Aparte las obras mencionadas, Ugarte compuso otros trabajos orquestales, composiciones como el poema sinfónico "Entre las Montañas" y las dos suites sinfónicas tituladas "De mi Tierra", que descubren en el autor un inquieto nacionalismo que había logrado compatibilizar con un entrañable europeísmo cultural. También en la música pianística y en las melodías vocales, ha logrado este músico altos niveles de calidad. Fue también Floro Ugarte una destacada personalidad de la docencia musical y ejerció durante muchos años la dirección del Teatro Colón.
"Amy Robsart", de Alfredo L. Schiuma, trata un asunto romántico grato a Walter Scott, en un libro de Agenor Magno al que la música de Schiuma le brinda adecuado marco, a estar de la crítica de la época.
Por último, en "Ariana y Dionysos", Felipe Boero pone una pausa a la temática nacionalista de "Tucumán", para evocar el estilo de la ópera-ballet".
A esta altura, observamos que la producción operística nacional se acrecienta y ello merced a disposiciones oficiales que obligan al Teatro Colón de Buenos Aires a realizar Concursos anuales de los que debían surgir una o más óperas nacionales destinadas a ser estrenadas en esa sala cada año. La disposición que respecto de la ópera evidenciaban nuestros compositores fue el mejor aliado de esa política proteccionista. Ciertamente, los jurados de esos Concursos pecaban, con alguna frecuencia, de excesiva generosidad, si hemos de juzgarlos a través de las obras seleccionadas que hemos tenido oportunidad de conocer. Por lo pronto, no existen noticias de que alguna vez el Concurso haya sido declarado desierto. Sobre este particular, las críticas no dejan espacio a las dudas. "Las reglamentaciones –comentaba un crítico–, exigen de nuestros compositores la misma regularidad con que el árbol produce sus frutos", mientras otro se preguntaba: "¿Puede la actividad nacional proveer anualmente dos o más óperas al repertorio de nuestro primer teatro lírico?"
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