Historia de la ópera en España
10.La ópera en Cataluña en los inicios del siglo XIX
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10.La ópera en Cataluña en los inicios del siglo XIX.
Durante la guerra de la Independencia, la vida teatral española sufrió profundos cambios. En Barcelona, los ocupantes franceses trataron de aclimatar la ópera cómica francesa, con obras de Gaveau, Dalayrac, Boïeldieu, Grétry, etc., que no obtuvieron el menor apoyo popular; las cifras de asistencia al teatro que se han conservado indican claramente el boicot de la población autóctona a la programación francesa impuesta por las autoridades. Algo parecido se registró también en Gerona, donde el repertorio francés tampoco tuvo arraigo.
Hasta 1814 España no se libró del invasor. Poco después de la liberación, el Capitán General de Cataluña, Francisco Javier de Castaños, organizó una comisión de personalidades de la ciudad dispuestos a cooperar en el restablecimiento de la vida operística barcelonesa. Con lo reunido se mandó a Italia al joven compositor Ramon Carnicer para que contratara los mejores cantantes disponibles para iniciar las representaciones, así como al compositor Pietro Generali, para que escribiera óperas nuevas y revisra las del repertorio. En agosto de 1815 se reabrió solemnemente la temporada de ópera del Teatro de la Santa Cruz con una excelente compañía italiana, en la que figuraba el famoso bajo buffo italiano Filippo Galli, y con la presentación en Espana de L´italiana in Algeri, de Rossini, que constituyó una revelación y obtuvo una fama inmensa. En los quince años siguientes al menos veinte óperas nuevas de Rossini fueron presentadas en el Teatro de la Santa Cruz y comentadas en la prensa por espectadores espontáneos y por la naciente crítica musical de la ciudad, oscureciendo a Generali, cuyas prestaciones fueron pocas y sin relieve. En cambio sí se distinguió el rossiniano Ramon Carnicer con óperas como Adele di Lusignano (1819), Elena e Costantino (1821) y Don Giovanni Tenorio (1822).
Cuando Carnicer tuvo que exiliarse por razones políticas, al fin del Trienio Liberal (1820-1823), fue sustituido en el Teatro de la Santa Cruz por el también compositor Mateu Ferrer, El repertorio barcelonés de estos años, aparte de las obras rossinianas, incluyó bastantes compositores de interés, como Ferdinando Paër, Johann Simon Mayr, las primeras creaciones de Mercadante y de Meyerbeer, etc. Poco después de su regreso, Ramon Carnicer fue embargado (1827) y obligado a residir en Madrid, invocando una antigua ley que facultaba a los teatros de la capital de la monarquía a trasladar forzosamente a los artistas que pudieran dar relieve a la vida teatral. La carrera de Carnicer continuó en Madrid hasta su muerte en 1855, con varias óperas más y con su actividad docente en el Conservatorio de Madrid fundado por la reina María Cristina de Borbón en 1830.
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