Historia de la ópera en España
11.Guerras, cambios, teatros
índice de Historia de la opera en Espana
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11.Guerras, cambios, teatros.
Efectivamente, la presencia de esta joven reina, cuarta y última esposa de Fernando VII, enriqueció considerablemente la vida musical madrileña con esta institución y con el fomento de la ópera italiana. Ésta se representaba regularmente en los Teatros de la Cruz y del Príncipe, con un repertorio que a partir de 1825 tuvo un carácter cada vez más amplio. Los periódicos de la capital, a partir de la liberalización política acaecida en 1833 con el fin del absolutismo, dedicaban un espacio considerable a la critica de ópera, y es poco conocido el hecho de que uno de los críticos que reseñaron estrenos importantes fue el conocido escritor Mariano José de Larra.
En el resto de Espana la vida musical se vio seriamente afectada por la guerra contra Napoleón. Sin embargo, en el Pais Vasco la aparición de un fenómeno de la música, Juan Crisóstomo Arriaga (1806-1826), prematuramente muerto en París antes de cumplir 20 anos, es el reflejo de una sociedad que tenía en alta estima el arte de la ópera y de la música en general, y que contaba en Bilbao con un teatro de la ópera elegante y bonito, inaugurado en 1799 y destruido en 1816 por un incendio. Dc Arriaga se ha perdido su única ópera Los esclavos felices, aunque se conserva la obertura, además de una sinfonía y tres cuartetos de cuerda.
Compositores españoles románticos
En Valencia, después de haber tenido en el siglo xvni una existencia bastante azarosa, se ensayó la ópera traducida al castellano (así llegó a Valencia El barbero de Sevilla, de Rossini, en 1825), pero después se impuso un criterio más elevado que halló expresión en la inauguración del importante Teatro Principal, que abrió sus puertas en 1832 bajo la dirección musical del compositor catalán Ramon Vilanova, y con un repertorio belcantista de gran calidad, formado por las mejores óperas de Rossini, Bellini, Donizetti, Paeini, Mercadante y otros muchos, entre los cuales no dudó en probar suerte el compositor valenciano Josep Valero i Peris, con su ópera Angelica (1839).
En Cataluña apareció en estos años toda una generación de compositores dispuestos a plantear batalla a los italianos en materia de ópera. No se trataba todavía de un verdadero nacionalismo musical, porque su propósito era destacarse en el campo de la ópera italiana, usando este idioma en sus libretos.
Entre los primeros debe citarse el compositor Maria Obiols, discípulo de Mercadante, quien puso una pica en la Scala de Milán con su ópera Odio ed amore (1837), la única que un español haya estrenado jamás en dicho teatro.
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