Historia de la ópera en España
12.Renacimiento de le zarzuela
índice de Historia de la opera en Espana
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12.Renacimiento de le zarzuela.
Pronto cayó alguien en la cuenta de que el teatro musical parcialmente hablado tenía un nombre antiguo, casi olvidado: el de zarzuela, cuyo cultivo en lugar de la ópera fue más o menos «decidido» por un grupo de compositores encabezado por Francisco Asenjo Barbieri, Joaquín Gaztambide, Cristóbal Oudrid, José Ynzenga y el pionero Rafael Hernando. Junto con el autor teatral Luis de Olona y el barítono Francisco Sales, fundaron una «Sociedad Artística» que tuvo el acierto de poner en escena algunas zarzuelas de gran éxito, entre las cuales cabe citar Jugar con fuego, de Barbieri (1851), que supuso la consagración definitiva de la zarzuela como género, El valle de Andorra (1852) y Catalina (1854), de Gaztambide, y Los diamantes de la corona (1854), de Barbieri. El célebre Arrieta, que había desdeñado unirse a la Sociedad Artística en un primer momento, se unió a ellos cuando se cerró el Teatro del Real Palacio, por haberse terminado finalmente las obras del Teatro Real, inaugurado solemnemente el 19 de noviembre de 1850 con La favorita, de Gaetano Donizetti (véanse los trabajos de José Subirá sobre el Teatro del Real Palacio y sobre el Teatro Real).
El Real tuvo una vida brillante y contó con cantantes de primer orden y una programación variada. Entre los fastos más notables de sus primeros años debe mencionarse la visita de Giuseppe Verdi con motivo del estreno en el Real de su ópera La forza del destino, en 1863.
De este modo la vida del teatro musical en Espana se desdobló en dos áreas diferenciadas: la ópera italiana del repertorio internacional (a la que se irían añadiendo con el tiempo óperas francesas y alemanas), género al que seguirían intentando acceder algunos compositores españoles sin mucho éxito, y la zarzuela, cuya expansión fue inmensa, no sólo en Madrid, donde los miembros de la Sociedad Artistica crearon el Teatro de la Zarzuela, o de Jovellanos (1856), sino en las restantes ciudades españolas. El mismo Liceo barcelonés dio acogida pronto a las zarzuelas más famosas y desarrolló enseguida una línea de zarzuelas en catalán con Setze jutges (1858), del hoy olvidado Josep Pujadas, y con Eapler del Remei (1859), de Josep Anselm Clavé.
En las ciuades españolas más populosas la ópera reinaba sin discusión, con fuerte arraigo en algunos casos, como en Oviedo, donde la inauguración del Teatro Campoamor dio lustre y fulgor al género italiano, tal como se refleja en las obras de Leopoldo Alas «Clarín».
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