Historia de la ópera en España
15.La gran crisis de la ópera en España, en la década de 1920 y 1930
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15.La gran crisis de la ópera en España, en la década de 1920 y 1930.
La vida operística fue abandonando primero las ciudades pequeñas, después las grandes. Las nuevas formas de la vida moderna, con la difusión del automóvil, la institución inglesa del weekend, a la que se apuntaron con entusiasmo cuantos pudieron, y la gran difusión del cinematógrafo, fueron causas determinantes de la crisis de la ópera, especialmente fuerte en España, con un déficit demográfico manifiesto, un ambiente cultural más bien deprimido, y con tensiones sociales que hadan ver en la ópera y su parafernalia un lujo impropio de una sociedad con grandes desigualdades. La insistencia de determinadas capas sociales en rodear el espectáculo de lujo y pretensión social contribuyó con fuerza al descrédito del género, incluso contraponiéndolo a veces al género «verdadero» de la música sinfónica y de cámara.
Un caso sintomático fue el cierre por obras del Teatro Real de Madrid, en el verano de 1925. El teatro permaneció cerrado durante más de cuarenta años, y cuando se reabrió en 1966 fue como sala de conciertos, permaneciendo en estas funciones 22 anos más, hasta su final reinauguración en 1997.
Otro teatro que entró en crisis respecto a la ópera fue el Teatro Principal de Valencia, donde dejaron de darse temporadas regulares de ópera en 1929. Aunque se representaron funciones ocasionales, sobre todo en verano, la vida operística valenciana se vio muy mermada hasta la aparición de la breve pero importante labor de la Asociación Valenciana de Amigos de la Ópera (AVAO, 1971-1979).
En Sevilla desapareció también la ópera del panorama habitual de la vida musical, y otro tanto ocurrió en la mayoría de las capitales españolas durante los años que precedieron a la guerra civil española (1936-1939), cuyos efectos aun fueron peores para la vida lírica del país.
En Barcelona el Liceo consiguió superar la crisis, que estalló con el fin de la monarquía y sus fastos (1931), y la proclamación de la República, con el retraimiento del público pseudoaristocrático. El empresario Josep Rodés no pudo cumplir sus compromisos con el público y el teatro amenazó con echar el cierre definitivo. Por fortuna el mecenas barcelonés Felip Bertran i Güell y las nuevas instituciones catalanas rescatadas por la República formaron un Comité Pro Liceo que supo reemprender la vida lírica sin perder ni una sola temporada, con la valiosa colaboración del empresario del Liceo, Joan Mestres Calvet. Sin embargo, aunque superada la crisis, las temporadas de ópera quedaron reducidas a tres meses anuales, aunque el repertorio siempre tuvo suficiente variedad, con una constante presencia, gracias al empresario, de las principales óperas de Mozart, entonces todavía poco menos que desconocidas en el resto de Espana.
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