Historia de la ópera
01.El inicio - Siglo XVII
índice de Historia de la opera
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01.El inicio - Siglo XVII. El la historia de la música, son muy pocos los géneros cuyos orígenes se hayan podido establecer con tal aparente precisión como la ópera. Sabemos cuándo y dónde se representaron las primeras obras de teatro musical en Florencia, a mediados de la década de 1590- y el contexto político, social y cultural exacto que las vieron nacer. Por otro lado, pocos géneros han estado sometidos, desde sus mismísimos inicios, a una teorizaeión tan intensa acerca de su raison d´être. El característico autoexamen de la ópera, que en ocasiones llegó a convertirse en una violenta polémica y que ha perdurado hasta la actualidad, empezó en una fase muy incipiente de su historia. Eso fue debido, en parte, a que la orientación académica de la vida intelectual en las cortes italianas de finales del Renacimiento generó una necesidad casi obsesiva de documentar, explicar y debatir -y en consecuencia, validar-todas las cuestiones operísticas en el seno del empeño cultural contemporáneo. Pero, por otro lado, la ópera, el más difícil de los géneros, planteó toda una serie de problemas cruciales, concernientes a los objetivos y efectos de la música, el teatro y las artes en general, que no había que ignorar. Estos problemas siguen siendo tan válidos hoy en día como lo fueron para los primeros compositores, libretistas y mecenas de la ópera, y la historia de la ópera no es sino una sucesión de intentos de solución, condicionados de una u otra forma por el tiempo, el lugar y las circunstancias. En el fondo de la cuestión reside una pregunta fundamental: ¿qué es lo que hace que la ópera sea algo más que, como dijo el doctor Johnson en su célebre frase, «un entretenimiento exótico e irracional»?
Como es sabido, la música ya se usaba en el teatro mucho antes de que la ópera subiera al escenario, y desempeñaba una función esencial en la política de esplendor que caracterizaba los ambientes cortesanos. En los siglos xv y xvi, las cortes del norte de Italia habían establecido diversas fórmulas protocolarias para la organización de las celebraciones principescas. El nacimiento de un heredero, la boda de un príncipe o la muerte de un duque eran momentos clave en la vida de palacio que requerían un debido énfasis tanto en el ámbito privado como en el público. En efecto, la cohesión del tejido político y social dependía estrictamente de la articulación y consiguiente control de las ocasiones de celebración y de crisis como manifestaciones de la gloria y permanencia del Estado ducal.
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