Historia de la ópera
11.Rameau y la tragedia lírica - Opera Dramática - Siglo XVIII
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11.Rameau y la tragedia lírica - Opera Dramática - Siglo XVIII.
Tras la muerte de Luis XIV en 1715, el extraordinario compendio de tragedias líricas dejado por Lully y Quinault siguió reivindicando su derecho a conferir una definición operística a la autoimagen absolutista francesa. En el desempeño de su función indudablemente conservadora, la Académie Royale de Musique deseaba preservar la dignidad del estilo lullyano, aunque también gozó de una mayor libertad para absorber las mejores composiciones de nueva creación que modificaban algunas de sus características esenciales. Al mismo tiempo, la institución observaba con preocupación las alternativas que ofrecían los demás teatros parisinos, y más concretamente la fusión de la opéra comique con las comedias vodevilescas de escasa calidad que se representaban en los teatros de la Foire y el retorno de la ópera italiana a la capital. En ambos frentes, el vehemente fanatismo se materializó en forma de acalorados debates y guerras de panfletos, y en alguna que otra ocasión incluso se llegó a las manos. Las ardientes pasiones desencadenadas indicaban hasta qué punto era importante definir la identidad nacional a través de un estilo distintivo francés de ópera dramática, por lo menos para la comunidad de amantes del género e intelectuales que frecuentaban los cafés próximos a la Opéra. Sin embargo, la significación de la operística no se limitó a París y a sus alrededores, sino que, como alternativa clara y bien articulada ante la creciente y cada vez más palpable linea ascendente de la ópera dramática, la tragedia Erica también ejerció cierta influencia, dentro del ámbito europeo, en la práctica musical y literaria, así como en el pensamiento estético durante todo el siglo. A partir de 1750, la tradición francesa inspiró directamente los profundos cambios que empezaron a operarse en este género, mientras que la ópera italiana, tanto dramática como cómica, sólo desempeñaba una función parcial y atenuada en las modificaciones llevadas a cabo en la ópera lullysta y rameauista anterior a la Revolución.
La tragedia lírica, pese a gozar de un incontestado prestigio, no era el único tipo de espectáculo que se cultivaba en la Opéra y en la corte. Durante la regencia de Felipe de Orleans, la forma de entretenimiento más característica era algo mucho más acorde con las tendencias de la moda poética y de las artes visuales: la opéra-ballet, que consistía en un prólogo de carácter mitológico o alegórico, a menudo una simple y llana adulación a un mecenas o protector, seguido de tres o cuatro actos cuya denominación más acertada es la de entrées, dado que la porción operística que contenía cada uno de ellos servía de mero pretexto para componer un divertissement.
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