Historia de la ópera
23.1850-1890 - Siglo XIX - Francia
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23.1850-1890 - Siglo XIX - Francia.
Algunos compositores franceses, incluso a finales del siglo xvili, escribían sus propios libretos. Tal es el caso de Rousseau, Framery, Dezéde y Berton. En consecuencia, el hecho de que Hector Berlioz (1803-1869) optara por componer la letra y la música de Les Troyens, entre 1856 y 1858, no debería considerarse como un acto de orgullo desmedido. Pero lo cierto es que tanto él como su genialidad despertaban temor y desconfianza, sobre todo a tenor de la mordacidad y devastación que era capaz de sembrar con sus palabras. Tal y como escribió Ernest Legouvé, amigo y jefe de Berlioz, dijo éste en una ocasión: «Los más eminentes artistas, sus iguales, se sentían incómodos ante su presencia. Gounod me había hablado de ello incontables veces». Por su parte, en 1838 Berlioz sufrió profundamente a causa de la ópera Benvenuto Cellini, que actualmente se considera como una obra intrínsecamente romántica, aunque una parte de su esencia resida en su absoluto inconformismo: su texto arrogante (de Barbier y 5´ illy), su parábola del gran artista burlándose a placer, y su rotunda audacia musical. Cellini se vino a bajo cuando el tenor principal, Duprez, dejó el trabajo después de tres representaciones. Pero así era la naturaleza temperamental de la Opéra, un enjambre de individualistas, desde el director hasta el último de los ayudantes tramoyistas. Las Mémoires de Véron eran mucho más que una simple historia de un grupo de artistas exigiendo un rescate por la libertad del compositor. En una ocasión, eI gran predecesor de Duprez, Adolphe Nourrit, se negó a cantar el pasaje correspondiente aun ladrón en una obra del español Gomis, y puesto que la partitura se había encargado contractualmente, Véron tuvo que indemnizar a Gomis y a su libretista con la nada despreciable cifra de 6.000 francos. Incluso los trompetas italianos en Robert le diable consiguieron un dinero extra de Véron.
En estas circunstancias, Les Troyens, la obra maestra de Berlioz, tenía muy pocas posibilidades de representarse y, en cualquier caso, tal y como manifestó el compositor en una petición a Napoleón Ili sobre este particular, «los dos directores en plantilla [de la Opéra] son mis enemigos». En 1863, Berlioz logró hacer realidad su deseo de poder ver, por lo menos, una parte de su obra, que a tal efecto se dividió en dos. Les Troyens à Carthage (Los troyanos en Cartago), que también fue mutilada, alcanzó las veintiuna representaciones en el nuevo teatro del Segundo Imperio: el Thé£tre Lyrique.
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