Historia de la ópera
36.Compositores wagnerianos - Siglo XIX - Alemania
índice de Historia de la opera
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36.Compositores wagnerianos - Siglo XIX - Alemania.
Nadie fue más consciente del peligro que suponía la asfixia impuesta por el wagnerismo que Peter Cornelius (1824-1874). Emparentado con el célebre artista del mismo nombre, Cornelius quedó fascinado por las óperas de Wagner en el curso de su formación musical. En 1852, a la edad de veintisiete años, decidió trasladarse a Weimar, donde Liszt, uno de los líderes de la Nueva Escuela Alemana, se convirtió en su mentor. Consciente del riesgo que corría de aparecer como una pálida sombra de Wagner, inicialmente Cornelius intentó probar suerte en otro terreno, la ópera cómica, y con este propósito preparó un libreto entre 1855 y 1856 sobre una historia de Las mil y una noches. La obra resultante, Der Barhier von Bagdad (El barbero de Bagdad), de 1858, un relato amoroso de sabor oriental, fue la más famosa de toda su carrera, a pesar de que su aparición en las historias de la ópera han sido bastante más regulares que en los escenarios. Ente sus influencias se incluía la música turca de Mozart y Rossini, así como Benvenuto Cellini, de Berlioz, aunque, a fin de cuentas, se le consideró como un producto de la Nueva Escuela Alemana y, consiguientemente, fue víctima del conciliábulo antiLiszt en Weimar. Sin ir más lejos, la premiere fue arruinada por una manifestación en contra de Liszt, que dirigía la obra y que, como resultado, renunció a su cargo en la ciudad.
Pese a sus intenciones originales, Cornelius no pudo resistirse durante mucho tiempo al ímpetu de la temática wagneriana, y en sus otras dos óperas, Der Cid y GanlSd, se inclinó por el drama histórico y las leyendas nórdicas, respectivamente. En efecto, poco antes de empezar a trabajar en Der Cid, en 1860, Cornelius tuvo en Viena el primer contacto directo con Wagner, quien le presionó muchísimo para que colaborara con él, primero en Wiesbaden, en 1862, y dos años más tarde volvió a la carga, esta vez en Munich. Pero Cornelius, que temía perder su independencia artística y probablemente emocional -había oído hablar de la tendencia de Wagner a abrumar y anular a quienes le rodeaban- consiguió resistirse a los halagos y lisonjas del maestro hasta forales de 1864, fecha en la que se convirtió en el ayudante musical de Wagner y, por ende, en un profesor de la escuela de música que éste y Hans von Billow habían vuelto a abrir.
Der Cid (1865), basada en un héroe cristiano del siglo xi, combinaba el realismo histórico -las batallas entre los cruzados castellanos y los moros- con un conflicto personal de amor y entrega.
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