Historia de la ópera
37.Los Inicios - Opera Rusa, Checa y Polaca hasta 1900
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37.Los Inicios - Opera Rusa, Checa y Polaca hasta 1900.
Durante doscientos años, la ópera italiana impuso su dominio musical en toda Europa excepto en Francia. Incluso un área tan vigorosa culturalmente como Alemania fue incapaz de mantener una tradición continua de ópera vernácula hasta principios del siglo xix. Cuando finalmente la ópera alemana empezó a florecer, interrumpió el desarrollo operístico en otras regiones de habla germánica: Escandinavia y Holanda sufrieron tanto al tener que competir con la ópera alemana como sufrió este género en la península ibérica al tener que competir con la operística italiana. Por su parte, la ópera eslava y húngara gozaban de la relativa ventaja de que su sonido era completamente distinto al de todo lo que las rodeaba. No todas las naciones del centro-este europeo o de los Balcanes establecieron sus propias tradiciones operísticas vernáculas en el siglo Algunos Estados independientes, como Rusia o Polonia, esta última hasta su partición definitiva, consideraban la ópera en la lengua nacional como una cuestión de orgullo y empezaron a fomentarla casi coincidiendo con el nacimiento de las diversas tradiciones alemanas del Singspiel. Las naciones sometidas al Imperio de los Habsburgo, como los húngaros, los checos, los croatas y los eslovenos, estaban estrechamente unidos a Viena y, en consecuencia, a uno de los principales centros musicales de la época. Por otro lado, no tenían ninguna objeción a realizar injertos de ópera vernácula en las tradiciones musicales preexistentes. En las naciones que habían surgido de la gradual desintegración del Imperio Otomano, como Grecia, Rumania, Bulgaria y Albania, la situación era más compleja. Estos países tenían un contacto mucho más ligero con los centros musicales del continente y las tradiciones dramáticas y musicales no estaban tan arraigadas. Aquellas regiones que mantenían relaciones con Italia, como, por ejemplo, las islas jónicas, fueron las primeras en despertar (la primera ópera en griego se representó en Corfú en 1857). Asimismo, los vínculos lingüísticos entre Rumania e Italia permitieron que ya en la década de 1830 se escenificaran obras en Bucarest, a pesar de que las temporadas operísticas regulares en lengua rumana tuvieron que esperar hasta 1885. Las primeras obras búlgaras, albanesas y macedonias no se escribieron hasta el siglo xx.
A medida que los nuevos nacionalismos iban emergiendo, los más fuertes se encargaban de eliminar a los más débiles. Cuando en el Ausgleich (compromiso) de 1867, los Habsburgo fueron obligados a dividir su Imperio en dos territorios independientes, uno austríaco y otro húngaro, las nacionalidades minoritarias de la mitad austríaca, como, por ejemplo, los checos y los eslovenos, experimentaron un florecimiento sin precedentes bajo un régimen que consideraba la tolerancia como una vía para mantener unido el maltrecho Imperio.
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