Historia de la ópera
38.Las óperas nacionales rusas, polacas, checas y húngaras - Hasta 1900
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38.Las óperas nacionales rusas, polacas, checas y húngaras - Hasta 1900.
Zhizn´ za tsarya, de 1836, obra de Glinka, Halka (1848), de Moniuszko, cuya versión definitiva fue terminada en 1858, y Prodaná nevésta, de Smetana -con una primera versión en 1866 y la última en 1870-, constituyen, sin ningún género de dudas, las respectivas óperas «nacionales» de los rusos, polacos y checos, respectivamente. Por lo que se refiere a la ópera húngara, la elección no resulta tan fácil, y mientras unos proponen la popular obra de Erkel, Hunyadi László (1844), otros se inclinan por una de sus óperas posteriores, Bánk hin (1861), que representa una nueva etapa en la absorción de elementos magiares. Ambas composiciones forman parte del estudio comparativo que se desarrolla a continuación.
Consideradas en su conjunto, estas cuatro -o cinco- obras contienen muchas de las diferencias que distinguen las cuatro tradiciones operísticas. Mientras que Moniuszko y Erkel ejercieron un amplio dominio en la ópera polaca y húngara, respectivamente, sin que surgiera ningún compositor de talla comparable durante el siglo xix, las óperas de Glinka y Smetana representaron un fructífero punto de partida. A Smetana le siguieron Dvofák, Fibich y, a finales de siglo, Janácek, mientras que la evolución de la operística rusa novecentista estuvo en manos de Dargomïzhski, Musorgsky, Serov, Tchaikovsld, Rimski-Kórsakov y Borodin.
Elementos locales: la temática y la música folclórica o tradicional. Las obras húngaras Hunyadi László y Bánk bán, así como la rusa Zhizn´ za tsarya, son óperas históricas. Zhizn´ za tsarya describe un incidente acaecido en 1612, a comienzos de la dinasta Romanov, en el que un leal campesino, Ivan Susanin, sacrifica deliberadamente su vida -de ahí el titulo- conduciendo a los ejércitos polacos hasta la muerte en los extensos yermos nevados de Rusia. El joven Kikhail Romanov no aparece en la obra, ya que la censura imperial prohibió la representación en escena de la dinastía reinante. Glinka fue muy audaz al elegir la temática de la composición. La dinastía por la que Ivan Susanin entregó su vida aún ocupaba el trono cuando el compositor escribió la ópera, y se mantuvo en él a lo largo de todo el período que estamos considerando -el zar Nicolás I sugirió el título definitivo durante los ensayos-. Dejando a un lado los méritos intrínsecos de la ópera, lo cierto es que ejemplificaba de un modo muy apropiado el concepto de «nacionalidad oficial», es decir, la ideología dominante en aquella época y que ya había sido formulada por Nikolái Karamzin en Historia del Estado ruso, un ensayo histórico-político iniciado en 1818.
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